¡Estoy harta: Todos me ponen los cuernos!

Que te toque un novio infiel, pasa, pero si todas tus parejas te engañan acepta el rol de ‘cornuda’ y deja de sufrir; cuéntanos tu experiencia

CIUDAD DE MÉXICO, 25 de febrero.- En muchas culturas -la musulmana, por ejemplo-, resulta habitual que los hombres tengan más de una mujer. En la nuestra, eso no es poligamia sino “infidelidad”; léase, “cuernos”.

Se calcula que el 60% de los hombres son infieles. O sea, nos guste o no, el 60% de las mujeres somos cornudas. Muchas, más de una vez. E incluso, una y otra vez… ¿Por qué nosotras?

El pecado original

Nuestro ex novio dijo que iba a clase de guitarra. Minutos más tarde, ¿qué encontramos bajo la cama? ¡La guitarra! El que fue “novio actual” hasta ayer, ése que se tatuó nuestro nombre en el brazo y nos juró amor eterno, esperó a que nos subiéramos al autobús para meter a su compañera de trabajo en la cama. ¿Tendríamos que haberlo percibido por los celos, los horarios raros, el cambio de look y los extraños llamados en horarios estrambóticos? Y así reflexionamos -vamos a terapia- y nos preguntamos como buenas aprendidas de Hollywood: ¿por qué a mí?

Y nuevamente: ¿por qué, por qué, por qué, por qué? Gritos, llantos frente al espejo, acompañados de acordes de Celine Dion, y más preguntas: ¿podemos culparlos enteramente o guardamos algo de culpa? ¿Será que continuamos eligiendo mal a nuestras parejas? ¿Irradiamos una evocación que los distancia a la velocidad de la luz? ¿O fueron los kilos de más de los cumpleaños del mes pasado? Bailan con gestos de burla a través de nuestro cerebro, que continúa generando argumentos para saltar del balcón. Pero la realidad es que siempre está y queda todo en nuestro ingenio -todo menos las respuestas- y no es más que un avispado guión de telenovela protagonizada por Verónica Castro.

La certeza de que el próximo nos hará lo mismo

Los signos de interrogación vuelven a bailar. Existen aquellas que se echan la culpa a sí mismas: “Por dejarme estar, claro, nunca le cociné, pobrecito”; aquellas que condenan a la especie masculina: “Son todos iguales, los odio”; las que no se frenan a deliberar y continúan su trayecto de vida con un “adiós, adiós, adiós” y sin volver a girar hacia atrás como si tuvieran miedo de convertirse en estatuas de sal; y las que miran para el otro lado con cara de póker, guardan la guitarra y nunca más hablan del tema con nadie, las “sordas voluntarias”, cuyos hombres pueden haber señalado “cada vez tengo menos ganas de volver a casa” tres veces en la última semana, y ellas, sin pestañear, respondieron: “Claro, con tanto tráfico… ¿Quieres jugo de naranja?”. ¿Es necesario aclarar que no se enteraron porque no querían? ¿Y? ¿Cuál es la opción correcta: A, B, C o D?

¿El problema soy yo?

La primera vez, lloramos hasta formar un lago; la segunda, juntamos para un río; pero la tercera, ya hartas de oír “no tenía que ser” (¿es posible que nunca tenga que ser?), miramos el minibar enamoradas como si fuera nuestra media naranja. ¿Qué nos pasa? ¿Somos nosotras, que emanamos alguna energía negativa, o son los astros en nuestra contra? Pero ¿podrán estar todos los astros tan concentrados en nosotras? Nadie nunca nos dio tanta bola. NO. ¿Y entonces? Debemos realizar un trabajo exploratorio de nosotras mismas, siempre de la mano de nuestro honesto terapeuta (“esto es un reflejo de aquella experiencia que tuviste a los dos años…”) y de las amigas, repetidoras de frases positivamente idiotas como “todo llega”, “es para mejor”. ¿Mejor para QUIÉN, exactamente? Y la que debería ser exterminada: “Hay cosas más graves”.

Posiblemente, tras un lindo y añorado análisis de nuestra propia historia -que, desde ya, nadie tiene ganas de hacer-, todos (amigas, terapeuta y la infaltable madre que ¿por qué no va a meterse?) distinguen y apuntan patrones de conducta que siempre fueron parte de nuestra personalidad y hoy son “patológicos”.

¿Qué tipo de hombres elegimos? ¿Qué tipo de relaciones construimos? ¿Qué valores buscamos en el otro? Preguntas que nunca siquiera atinamos a hacernos cuando salimos con el tipo al que le regalamos el número de teléfono la noche anterior. Si era casado, infiel o asesino serial, ni enteradas.

¿Y ahora qué?

Si los patrones se repiten, significa que hay algo que hacemos o promovemos. Sí, nosotras. Ahora, ¿qué es lo que hacemos? Son años de llantos, análisis, gastos en ropa e incluso, en casos, en chocolate. ¿Escuchamos a nuestra pareja lo suficiente como para conocerla o tenemos al lado a un extraño? ¿Compartimos las mismas prioridades o es sólo un hombre sexual? El resultado es lo que podemos padecer.

Y ahora, con la aparición de internet, los sitios de chat, el Skype, los mensajes de texto que permiten regularizar citas sin necesidad de la incriminadora llamada o el mail comprometedor, los affaires, engaños, romances, resbalones, aventuras o como queramos llamarlos, se han reproducido.

El gen 334

No todo es mea culpa: un estudio realizado en el Instituto Karolinska, de Suecia, evidencia que la infidelidad reside en tener o no el gen 334, y son dos de cada cinco hombres los que lo llevan.

Nadie muere de amor

No, nadie muere de amor, pero ¡qué irritante suena esta frase! No hay ecuaciones para enfrentar esta crisis sin comprarse un revólver. ¿Por qué son infieles? La bola de cristal quedó en la carpa de la bruja. Y sí, puede que compartamos parte de la culpa si estamos en la nuestra y no los oímos. Pero ¿por qué rompernos la cabeza intentando adivinar algo cuya respuesta nunca nos dejará contentas? Ya está. ¿Y ahora?

Los expertos revelan que el adulterio es una prueba de fuego que destruye a aquellas parejas en las que falta amor, y fortalece a las que realmente se aman. Lo que sí es importante es no refugiarse en el “todos los hombre son iguales” a menos que queramos volvernos lesbianas; porque si no, esto sólo nos va a ayudar a convertirnos en “viejas negativas y, encima, solteras”. Borrón y cuenta nueva y a construir o reconstruir. Y recordemos: mejor estar sola que mal acompañada.

A las famosas también les pasa

La más reciente: Eva Longoria pidió el divorcio de Tony Parker. ¿Por? No pudo hacerse la tonta después de encontrar mensajes de texto de OTRA: la mujer de un compañero de equipo.

El clásico: hace ya quince años, el mundo entero vio las fotos de Hugh Grant encarcelado tras un encuentro con una prostituta en el asiento trasero de su auto. Sin duda, su novia, la modelo Liz Hurley, humillada a nivel global, lo dejó.

El más recurrente: el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, con 72 años, está en el ojo del huracán desde que su mujer, Verónica Lario, le pidió el divorcio porque “le gusta frecuentar a menores de edad”.

El más debatido: y meses más tarde, Jennifer Aniston admitió que la razón de su corte con el hombre más lindo de Hollywood fue porque él la engañó. El romance entre Brad Pitt y Angelina empezó en Sr. y Sra. Smith y en horas ya eran una gran familia. ¿De qué lado estás?

El de telenovela: ¿cuán sexy es Jude Law? Tanto como mujeriego. En 2005, saltó el escándalo de que tenía un romance con la niñera de sus hijos mientras estaba comprometido con Sienna Miller.

¿Sufriste alguna infidelidad? ¡Cuéntanos tu experiencia!

fuente : http://www.excelsior.com.mx/index.php?m=nota&id_nota=717424

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